Trabajar acompañando a otras personas es apasionante, pero también puede ser exigente. Hay casos que nos hacen pensar más de la cuenta, momentos en los que aparecen dudas o situaciones que nos remueven especialmente.
Por eso creo en la importancia de contar con un espacio donde el equipo pueda parar, compartir lo que está viviendo y ampliar la mirada sobre su práctica clínica.
La supervisión no consiste solo en resolver dudas sobre un caso. También es un lugar donde sentirse acompañado, aprender unas de otras y cuidar a quienes cada día cuidan de los demás.

